sábado, 28 de julio de 2012

Fondeados en Maó, al fin!!


Estamos fondeados en Cala Taulera, dentro del puerto de Maó, en Menorca. Llegamos aquí ayer por la tarde, alrededor de las 19.00 h., después de 37 horas de travesía.
La cala ofrece protección para todos los vientos, ya que está completamente rodeada por La Mola y la Isla del Lazareto, pero no es lo que buscamos…el agua no está muy clara, no vemos el ancla fondeada a 6 metros de profundidad, y hay al menos 30 barcos aquí fondeados.




Aún así, vamos a pasar aquí dos días descansando…los necesitamos. La travesía de vuelta comenzó el jueves 26, cuando levantamos el fondeo en Porto Conte a las 04:45 h., todavía de noche. Ya habíamos dejado atrás Capo Caccia cuando amaneció. El viento no nos acompañó, o al menos no lo suficiente, durante las primeras 22 horas, por lo que tiramos de motor. Al menos pudimos hacer uso del piloto en esta primera parte del viaje, dedicándonos tan solo a vigilar el horizonte para controlar alguna luz con la que nos cruzamos.

Durante la madrugada del viernes, se levantó viento, un F3 del través, que nos permitió dar un respiro al motor. Fuera piloto, ahora tocaba estar a la caña, que ya no soltaríamos hasta fondear a la tarde siguiente.

La noche era negra y muy oscura, pues la luna se ocultó alrededor de la 1, y nos quedamos en mitad de una negrura total. Había una especie de bruma que ocultaba un poco el brillo de las estrellas, pero aun así, distinguía algunas que me servían para mantener el rumbo.

La cosa se fue animando y pasó a ser F5 a primeras horas de la mañana, con su ola correspondiente.

Navegando en algún lugar entre Cerdeña y Menorca.

Navegábamos como un tiro (para nuestro barco, claro está) con el foque y la mayor rizada, pero nuestras horas de alegría duraron poco, ya que el viento fue rolando y poniéndose de popa, para terminar cayendo rápidamente por debajo de F3, y luego casi parar.

Esto significó que para mantener los 5 nudos de velocidad, hubo que tirar de motor de nuevo, pero esta vez con una mar que nos alcanzaba por la popa, con olas de 2 metros sacándonos del rumbo y moviéndonos como un corcho.

Cuando estábamos a unas 15 millas de Maó, nos visitaron una familia de delfines listados que jugaron en nuestra proa más de media hora, dando saltos increíbles, coletazos y piruetas, como queriendo animarnos y quitarnos la mala leche que nos estaba dejando esta travesía. Por que estaba siendo una travesía muy pesada, con demasiado motor y mar incómoda que obligaba a estar a la caña. No siempre las cosas salen como uno quiere al navegar…

El colofón final lo puso un pequeño chubasco que se desató cuando estábamos a unas 4 millas de la entrada al puerto, con lluvia y viento fuerte, que levantó unas olas bien bonitas y molestas justo a la entrada, donde el fondo asciende.

Fueron momentos tensos, ya que no conocíamos la entrada, había rocas por todos lados y olas haciéndonos danzar más de lo que hubiésemos deseado.

Entramos a motor, pero con la mayor y el foque listos para ser izados y salir de allí si algo se complicaba o si se paraba el motor. Por suerte todo fue bien, y a las 19 más o menos fondeamos en la cala para descansar y poder dormir y comer como Dios manda.

Pero todavía nos quedaba una sorpresa…a las 22 h. ya metidos en la cama, tuvimos que salir de nuevo a cubierta para asegurarme que no garreabamos y para filar más cadena, pues un viento fuerte se levantó de repente…Todo eran carreras en los barcos vecinos, pues algunos sí garrearon y uno incluso se vino contra el Valparaíso.
Suerte que estábamos en cubierta para empujarlo y evitar golpes. Se trataba de una pareja de jubilados que habían llegado después que nosotros…Habían tratado de ir a Cerdeña, pero a mitad camino, cansados de luchar con la mar de proa que llevaban, y estando solo el marido, pues la mujer estaba con un mareo importante, decidieron dar la vuelta y resguardarse aquí.

Después de esto, ya sí pudimos descansar, y así seguiremos hasta mañana, cuando zarparemos para buscar alguna cala bonita donde pasar unos días.

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